La guerra en Medio Oriente

07/Ago/2014

Búsqueda, Cartas al Director, Por Adolfo Castells Mendívil

La guerra en Medio Oriente

Sr. Director:

Uruguay, Israel y
Palestina. Desde hace casi un siglo y hasta la llegada del Frente Amplio al
gobierno, Uruguay mantuvo una larga tradición de defensa internacional a la
causa judía, que empieza jurídicamente en la Conferencia de San Remo de 1920,
con el apoyo de nuestro país —a través del Dr. Alberto Guani, personalidad de
relieve mundial— a la Declaración Balfour sobre «el establecimiento en
Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío».

Luego, el 15 de mayo de
1947, la Organización de las Naciones Unidas, creada dos años antes, nombra un
Comité Especial sobre Palestina (UNSCOP), de 11 miembros, entre los cuales
Uruguay, con el cometido de resolver la disputa entre judíos y árabes en ese
territorio. Con el voto uruguayo, la mayoría de ese Comité recomendó la
creación de dos Estados separados, uno árabe y otro judío, con Jerusalén bajo
administración internacional.

El 29 de noviembre de ese
año 1947, en la Asamblea General de la ONU, Uruguay votó la histórica
resolución 181: «La partición de Palestina en un Estado judío y otro
árabe», vale decir 67 años antes lo que podrían haber sido hoy los Estados
de Israel y de Palestina. Y hay que recordar —para los olvidadizos— que si ello no ocurrió fue por el rechazo de
la Liga Árabe y su amenaza de intervención armada, que luego cumpliría.

Al año siguiente, 1948,
Israel proclama su independencia (Uruguay es de los primeros en reconocerlo) y
solicita su ingreso a la ONU que obtiene en 1949, también con el voto de
nuestro país. Y todo ese proceso a favor de la patria judía que culminó en el
Estado de Israel, fue liderado por Luis Batlle Berres, primero como presidente
de la Cámara de Representantes y luego como presidente de la República; y para
su cometido se rodeó de grandes personalidades de la época: Enrique Rodríguez
Fabregat, Oscar Secco Ellauri, Juan Carlos Blanco, Héctor Paysée Reyes, Augusto
Turenne, Edmundo Sisto y muchos otros.

Y fue esa la política
seguida por todos los gobiernos democráticos de distinto signo que se
sucedieron en nuestro país —y mismo por la dictadura— hasta la llegada del
Frente Amplio al poder, en 2005. A partir de allí todo mutó y no por esperado
fue menos lamentable ese cambio total de rumbo que se verificó.

Así comenzó el
alineamiento uruguayo a las posiciones palestinas en los organismos
internacionales, con el consiguiente alejamiento de Israel; con flechados
comunicados de la Cancillería sobre el tema, de los cuales solamente recordaré
dos.

1) En ocasión de las
manifestaciones del presidente de Irán en cuanto a que «el Estado de
Israel debía ser borrado del mapa», nuestro Ministerio de Relaciones
Exteriores titula su comunicado 107/05 (28/10/05): «Posición de Uruguay
ante diferendo en Medio Oriente», mientras que lo que ocurrió fue una
agresión verbal unilateral e injustificada de un Estado soberano miembro de las
Naciones Unidas a otro Estado en las mismas condiciones y no hay ni la más
mínima mención a Irán.

2) En julio de 2006, se
produjo una de las crisis israelo-libanesa a raíz de una incursión de Hezbolá
en territorio de Israel, provocando la muerte de 8 soldados israelíes y el
apresamiento de 2 más, lo cual derivó en una conflagración entre las FFAA
judías y el Hezbolá. El comunicado 63/06 de la Cancillería uruguaya, titulado
«Situación en Medio Oriente», menciona la crisis bélica «y
especialmente la que existe entre Israel y la población del Líbano»,
colocando a esta última como uno de los antagonistas y sin ninguna alusión al
Hezbolá.

Luego, en este período de
gobierno se sigue intensificando el propalestinismo y el antiisraelismo, con
múltiples manifestaciones de las cuales también tomaré solo dos.

1) Reconocimiento del
«Estado» palestino. Se argumenta que un centenar de países han
reconocido a ese «Estado». Es cierto, pero esos reconocimientos
colisionan con el espíritu de la Resolución 242 (C.S. de la ONU, 1967), votada
por unanimidad, porque es notorio que Israel no tiene «fronteras seguras,
reconocidas y libres de amenaza o actos de fuerza» y que Palestina no
tiene «integridad territorial». ¿Cuál es el territorio propio que
pretende reconocer Uruguay, cuyo canciller confesó que no se va a pronunciar
sobre los límites palestinos? ¿Qué gobierno se reconoce: el de la Autoridad
Nacional Palestina de Al-Fatah, en Ramala, o el que está al frente del régimen
islamita de Hamas, rigiendo de facto la Franja de Gaza?

2) En la visita del
ministro Luis Almagro a Palestina, en abril pasado, este declara que al unirse
Hamas y Al Fatah, ahora se está en las mejores condiciones para una negociación
de paz. ¿Se dio cuenta el canciller de lo que eso significa? Que sepamos, Hamas
no ha renunciado a la decisión de su Carta Fundacional de destruir al Estado de
Israel y que «no existe ninguna solución al problema palestino que no sea
por medio de la Yihad (guerra santa)».

Porque Hamas es una
organización terrorista, pese a lo que sostiene la izquierda vernácula y
afines, de que se trataría de «un movimiento de resistencia» o que
busca la consolidación de un Estado palestino. Y Almagro que, como buen
frenteamplista es fundacional y desconoce —o quiere ignorar— los antecedentes
en la materia, se quejaba de que los palestinos no habían podido consolidarse
como Estado, olvidándose que fue por culpa de ellos, los árabes, si no son una
entidad estatal desde 1947.

Otro mito muy común al
cual se ha afiliado en nuestro país el «progresismo» ha sido el de la
desproporción de fuerzas entre Israel y los palestinos. Nadie puede discutir la
aplastante superioridad militar de Israel, inclusive su tenencia de un arsenal
nuclear (hasta ahora nunca utilizado). Pero tampoco hay que ser tan ingenuos (o
de mala fe) como para comprar la imagen del tanque israelí atacando al niño
palestino desarmado. Según un informe de IDF Intelligence de Israel, Hamas
tiene todavía unos 6.000 misiles (después de todos los que ha lanzado), entre
corto, medio y largo alcance, con poder de golpear a la mayoría del territorio
judío.

Y Hamas ha construido una
red de túneles para hacer penetrar las municiones desde la frontera con Egipto
y debajo de las zonas residenciales, para proteger a sus guerrilleros,
utilizando a la población civil, inclusive niños, como escudos para preservar
sus misiles de la artillería israelí, escondiendo sus arsenales en hospitales,
mezquitas y escuelas. Todo lo cual no quiere decir que Israel no haya cometido
errores, que sin duda los ha consumado.

Esta última crisis se
inició con el asesinato de tres jóvenes judíos en junio y luego de un palestino
en julio y derivó en una cruenta campaña de represalias de las FFAA de Israel
contra Hamas, así como el lanzamiento de misiles por Hamas a la población civil
israelí. Sin embargo, la Cancillería uruguaya emitió tres comunicados en la
materia: el 30/14, el s/n del 10/07/14 y el 33/14; con ellos, el Frente Amplio
se alinea con la posición palestina: la respuesta israelí es desproporcionada.
Y la Cancillería pone a nivel de Estado al Hamas, cuando es notorio que la
lucha es entre Israel (Estado) y Hamas (terroristas) y no contra el pueblo
palestino.

Finalmente, ha
trascendido que el canciller Almagro habría invitado otra vez a Didier Opertti
y Sergio Abreu, a los cuales en esta oportunidad se agregaron José Bayardi y
Daniel Radío, para analizar cuáles deberían ser las grandes líneas futuras de
la política exterior de Estado que tendrían que estar por fuera del debate
electoral para el próximo período.

Actitud loable, en
principio. Aunque sospechosa; al estar a menos de tres meses de la próxima
elección, no parece oportuno llegar a una decisión que no se tomó en casi 10
años de administración del Frente Amplio. Hay tiempo de hacerlo después de la
segunda vuelta electoral y antes del 1º de marzo de 2015.

Y sospechosa, además, por
estar ya lanzada la candidatura de Almagro a la Secretaría General de la OEA.
Si el Frente perdiese las elecciones, esa postulación se tendría que retirar y
evaluar globalmente —antes que los nombres de personas— las candidaturas en los
organismos internacionales que son prioritarias para los intereses de la
República y no para los de un partido. Porque de eso se trata lo que se llama «política
de Estado».